La esquizofrenia es una de las enfermedades más fascinantes de la psiquiatría, siendo por siglos fuente de especulación y debate tanto en los círculos científicos como fuera de ellos. Debido al comportamiento y pensamiento peculiar que exhiben los pacientes, durante mucho tiempo fueron considerados como una vergüenza para la familia y una amenaza social, motivo por el cual eran desterrados o recluidos en sanatorios.
Esta enfermedad constituye la principal causa de incapacidad de origen psiquiátrico en el mundo entero. La razón es obvia: produce alteraciones en la esfera mental de tal magnitud que el sujeto pierde por completo el contacto con la realidad y, por consiguiente, toda capacidad para funcionar en los campos laboral y social.
Epidemiología
La prevalencia de la esquizofrenia en la población general es cercana a 1%, con incidencia anual de 10 a 15 casos por 100.000 habitantes. En la mayoría de los pacientes se inicia durante la adolescencia o a comienzos de la edad adulta, siendo su aparición más temprana en el sexo masculino.
Manifastaciones clinica.
Las manifestaciones clínicas incluyen trastornos del afecto, el pensamiento, la sensopercepción, la comunicación y el comportamiento. Tales manifestaciones se han dividido, por convención, en positivas y negativas. Los signos positivos incluyen ideas delirantes, alucinaciones y lenguaje desorganizado, así como aumento o disminución de la actividad motora. Los negativos, por su parte, están representados por alogia (imposibilidad para hablar), abulia (pérdida de la iniciativa o voluntad) y afecto plano. Estos últimos aparecen, por lo general, en fases crónicas de la enfermedad (tabla 1).
Evolución
Hace veinte años, se consideraba que cuando aparecía un episodio esquizofrénico en la vida de una persona, significaba que debía tomar medicamentos por el resto de su vida y que se iba a deteriorar progresivamente. Estos criterios han cambiado en la actualidad debido al auge que a tenido la teoría del exceso de acción dopaminérgica a nivel del sistema nervioso central como causante del cuadro psicótico y que implica que esta excesiva actividad es fluctuante (episódica) regresando a su nivel de funcionamiento habitual, una vez que pasa la crisis.
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